¿Es posible que para un cristiano el invierno espiritual no termine?

De inicio, el título de su libro en defensa de Cowper resulta muy revelador:Cuando no termina el invierno; el tema lo dice todo. ¿Realmente, hay la posibilidad que para un verdadero creyente el invierno espiritual no termine ? Comenzó con derrota.

En la introducción habló de extensas estaciones de frío y oscuridad. Esto es cierto en los verdaderos cristianos, pero “los inviernos” no son definitivos y no en depresión como estado, sino luchando contra ellos como David en el Salmo 42.

Dios tiene el total control de la vida de sus hijos: “No os ha sobrevenido ninguna tentación que no sea común a los hombres; y fiel es Dios, que no permitirá que vosotros seáis tentados más allá de lo que podéis soportar, sino que con la tentación proveerá también la vía de escape, a fin de que podáis resistirla” (1 Corintios 10:13LBLA). La respuesta de William Gurnall a “El Escritor” es contundente: “El cristiano nunca podrá perder del todo la esperanza. Tal vez esta se vea recortada y retrasada por los días invernales que aparecen en medio de la primavera, los cuales resultan más dañinos porque el sol ha hecho ya brotar las flores. De la misma manera, la tardanza de Dios impresiona tristemente a quienes, por encima de los demás, han avanzado en sus expectativas hasta llegar a gozarse en la esperanza de gloria. La espera puede ser una gran prueba para el alma” (3).

Contradice a un puritano muy piadoso llamado Richard Baxter, cuando este afirmó que: “Deleitarse en Dios y en su palabra y en sus caminos, es el fruto y la existencia de la verdadera religión”. Pero“El Escritor” lo contradice enérgicamente, diciendo que eso es prácticamente un absurdo y que lo que los cristianos tienen en el corazón es la simiente del gozo, no el fruto. ¿Por qué bajar los estándares de la vida cristiana victoriosa o gozosa? De una semilla enterrada a un fruto descubierto. ¿Es realmente el gozo cristiano un gozo secreto? ¡Qué contradicción! El imperativo bíblico es: “Estad siempre gozosos”(1Tesalonicenses 5:16LBLA). Un buen título para un buen libro de esta escuela sería: “El gozo secreto del cristiano cuando no termina el invierno espiritual”.¡Qué dicotomía: un gozo secreto!

Apelar al aspecto forense de la justificación para defender al amargado y deprimido que termina en suicidio no es justo, ni santo. El abogado del imputado Cowper toma una verdad de Dios para sus fines: la justificación en Cristo es una declaración, no un hecho. Quién sabe si a esto era a lo que le temía la Iglesia Católica Romana cuando declaraba y declara todo lo contrario, erróneamente, es decir: “Hecho justo”; temiendo que hombres pudieran tomar esta verdad verdadera para justificar el pecado y la pasividad en el cristiano.

Toda esta argumentación de la justificación por la fe sola, se corrompe con la aplicación de la misma: El “cristiano” que muere “desdichadamente”. El abogado de la defensa se contradice, expresa con verdad que la justificación por la fe produce gozo. Pero, al parecer, a su defendido esta justificación no le produjo gozo, sino más depresión.

Apela a una extraña relación mística con Cristo que no presupuesta el poder de su fuerza para la victoria espiritual. No importa si tienes victoria o no, como quiera eres un vencedor. Si no lo logras no estás perdido, claro está, si te aferras a Cristo.

¿Cómo es posible tener una unión mística con Cristo y tener también la posibilidad del fracaso final? No olvide que el abogado defensor de William Cowper está preparando el ambiente para justificar la tendencia suicida de su defendido y la forma como murió: “Desdichadamente”, como el mismo abogado defensor le llamó.

Aunque es un fino abogado que confunde por momentos, sus constantes contradicciones no ayudan para nada a su defendido William Cowper. Declara otra gran verdad que condena más a su defendido: “Que los que se aferran al pecado no saldrán de sus inviernos espirituales”. Esa es la razón por la cual Cowper fue abandonado por Dios: se aferró al pecado antes de renunciar al mismo.

Apela a la posibilidad del uso de fármacos en ese invierno espiritual. Expresa que, si hubo algún error que la Providencia no previó, para uno de los hijos del Padre celestial que terminó en tragedia, la justicia de Cristo es tan ancha que lo abarca. ¡Qué contradicción más sutil, qué evangelio tan impotente!

Busca un aliado para su defensa: Sigmund Freud; necesita proyectar la culpa de su defendido. Observemos su enunciado y luego sus razones: los cristianos que no pueden librarse de sus inviernos espirituales son libres de culpa, ya que las causas principales son el pecado, ataques satánicos, angustias provocadas por las circunstancias y, la preferida para justificar la culpa, porque nacieron así. Pero de acuerdo con la lista, para ser consistentes y coherentes, al hacer mención del producto del pecado parece que no se hace referencia al pecado de responsabilidad personal, ya que la lista hace referencia a causas externas que el individuo no controla: “Ataques satánicos” no depende de él; “Circunstancias angustiosas” tampoco depende del imputado; “Causas hereditarias u otras causas físicas” que de igual forma no dependen de él.

“El Escritor” insulta la inteligencia de los entendidos cuando hace pensar que los puritanos y hombres de Dios como el Dr. Martín Lloyd-Jones justificaban el pecado y la depresión pecaminosa por causas físicas o hereditarias. Ciertamente Lloyd-Jones hace referencia como médico a estas causas orgánicas, pero no para proyectar la culpa y justificar la derrota espiritual de un llamado cristiano.

El mejor ejemplo que Lloyd-Jones pone es el del célebre pastor Spurgeon, que sufría del mal de la “gota”; pero ¿cómo vivió y cómo murió? ¿Cómo el imputado William Cowper? Nunca, pero nunca. En ningún lado de la biografía de Spurgeón se dice que atentara contra su vida. “El Escritor” debe volver a leer detenidamente la Confesión de Fe de Londres de 1689 para recordar cómo pensaban los puritanos en cuanto a la victoria de todos los cristianos en su lucha contra el pecado; ellos levantaron el estandarte: “La parte regenerada triunfa”(4).

En el caso de John Bunyan, él conocía muy bien la figura de la apostasía y del apostata como bien lo describió en su libro El progreso del peregrino”. El personaje Enjaulado sabía muy bien cómo había llegado a ese estado de miseria y desesperanza: se descuidó en su vida espiritual y apostató de la fe(5).

Del libro “La nobleza de Dios: Vivir o morir” por Willy Bayonet

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