CAPACIDAD DE ASOMBRO

Cómo olvidar la primera vez que vi un fax. No podía creerlo, mi cerebro no podía concebir semejante tecnología.Ya el fax está desfasado, pero todavía continúo asombrado aun cuando el E-mail y el WhatsApp lo han sustituido.

Nos asombramos por cosas buenas y por cosas malas. La rutina o cotidianidad tiende a matar esta importante capacidad humana. La belleza del firmamento en un bello atardecer nos llena de emoción, pero la rutina puede hacer que se pierda esta emoción. De igual forma nos impresiona la maldad, pero cuando esta es recurrente fácilmente podemos acostumbrarnos a ella y perder la capacidad de asombro.

El ser humano puede condicionar su mente ante actos repetitivos de maldad. En algunos casos la conciencia se puede cauterizar. Ciertamente, existe una mente astuta e infernal que confluye con la pecaminosidad humana para neutralizar la capacidad de asombro y hacer que se pierda la objetividad con relación a lo malo y a lo bueno. La advertencia divina es la siguiente: “¡Ay de los que llaman al mal bien y al bien mal, que tienen las tinieblas por luz y la luz por tinieblas, que tienen lo amargo por dulce y lo dulce por amargo!”(Isaías 5:20 LBLA).

Malaquías y la pérdida de la capacidad de asombro

En los días del profeta Malaquías se había perdido la capacidad de asombro, especialmente en los sacerdotes que enseñaban justicia al pueblo.  Esta pérdida de asombro no era ingenua, sino intencionada. La técnica para neutralizar el justo asombro o indignación consistía en hacer ver como normal el pecado cometido, como en el caso de la mujer adúltera: “Come, se limpia la boca, y dice: No he hecho nada malo” (Proverbios 30:20LBLA). Esa es, precisamente, la misma técnica utilizada por los movimientos liberales de hoy en día: motivan practicas aberrantes y luego, preguntan con toda ingenuidad: “¿Qué de malo tiene esto?” Este es el origen del relativismo moral.

En tiempos de Malaquías, después de haber sido reconstruido el templo de Salomón, no había honra ni temor a Dios, y esto era evidente. La pérdida de sensibilidad espiritual les hacía poner en duda las palabras del mismo Dios: “Pero vosotros decís: ‘¿En qué hemos menospreciado tu nombre?’” (Malaquías 1:6LBLA). Las palabras de los sacerdotes contra Dios eran violentas y al parecer ni siquiera se habían dado cuenta: “Vuestras palabras han sido duras contra mí, dice el SEÑOR. Pero decís: ‘¿Qué hemos hablado contra ti?’”(Malaquías 3:13LBLA). Cansaron al Señor teologizando a favor del impío y pusieron en duda la justicia divina: “Habéis cansado al SEÑOR con vuestras palabras. Y decís: ¿En qué le hemos cansado? Cuando decís: Todo el que hace mal es bueno a los ojos del SEÑOR, y en ellos Él se complace; o: ¿Dónde está el Dios de la justicia?” (Malaquías 2:17LBLA).

Había dos realidades: la que los sacerdotes veían de manera infundada y la que Dios veía. Para los sacerdotes todo estaba bien, para Dios todo estaba horrible. Todo estaba mal porque habían despenalizado el pecado dando eximentes de justificación a favor del mismo.

Hoy en día, a diferencia del tiempo de Malaquías, el pueblo de Dios no tiene jurisdicción penal ni civil, pero sigue teniendo el mensaje profético departe de Dios con la verdad absoluta, independientemente de la tipificación o no del infanticidio y suicidio como delitos. La Iglesia de Jesucristo, aun sin tener estas dos jurisdicciones en el campo de lo legal, por causa de su influencia moral y espiritual, puede asumir el riesgo de hacer causa común en la emancipación de conciencias de delitos tan graves como el aborto y el suicidio. Lo hace por medio de un silencio cómplice habiendo perdido la capacidad de asombro y acostumbrada a la maldad imperante; y en el peor de los casos usando la misma doctrina bíblica distorsionada, como en el caso de los sacerdotes en los días de Malaquías.

Es por esto que todo amante de la verdad debe procurar no perder la capacidad de asombro, aun cuando esto le pueda generar traumas al ver, escandalizado, la realidad como la ven los del mundo y la realidad como la ve Dios.

Trauma por la despenalización del pecado

Un trauma es el resultado de un evento violento e inesperado de tipo físico o emocional o espiritual que nos saca de nuestra normalidad. De difícil superación, pero que se puede superar. Para intentar sanarlo se recurre a una de dos formas: de manera infundada, evadiendo la realidad, jugando al olvido y viviendo como si nada hubiera pasado (pero se vive con un fantasma que periódicamente visita), o de manera real, haciéndole frente con valentía, sinceridad y verdad.

Sin lugar a dudas, el haber escuchado a hombres de Dios decir, de manera temeraria, natural y sin inmutarse, que aquel que se suicida, si ha recibido a Cristo como salvador, “va directamente al Cielo” fue un acto de violencia doctrinal y de abuso de confianza que produjo un trauma muy difícil de superar. Estos hombres de Dios fueron encontrados en el acto mismo de la herejía, pero como la mujer adúltera ni siquiera se asombraron: limpiaron sus labios y preguntaron: ¿Qué de malo hemos dicho? ¡Ratificaron la despenalizaron del suicidio delante de una multitud y muy pocos se asombraron!

Algunos no hemos logrado asimilar, y no salimos del asombro, al ver cómo hombres de reputación expresaron semejante eximente de justificación al delito del suicidio; pero miles han evadido la realidad al cuantificar las consecuencias de descubrir o denunciar estas herejías destructoras y el consiguiente desplome de una reputación que genera brillo, recursos y confort y que les puede perjudicar, temporalmente, a ellos mismos. Pero el fantasma del trauma les visita cada vez que se exponen a la Biblia y al aumento constante de suicidios.

¿Liberar a un culpable o condenar a un inocente?

El juicio de lo que es malo y de lo que es bueno es muy importante para la justicia divina. Ciertamente es preferible, cuando hay duda, liberar a un culpable que condenar a un inocente. Pero cuando las evidencias son claras la Biblia afirma: “El que justifica al impío, y el que condena al justo, ambos son igualmente abominación al SEÑOR” (Proverbios 17:15LBLA). Nos preguntamos: ¿Cuáles razones se tendrán para justificar a un impío que destruyó “su propia vida” prestada? ¿Tendrán el mismo argumento que los sacerdotes en los tiempos de Malaquías?: “¿Y de qué tenemos que arrepentirnos?”(Malaquías 3:7LBLA)

Mas Dios nunca pierde su capacidad de asombro y no exagera

Aun cuando Dios es inmutable, nunca nos deja la impresión de que es indiferente al pecado. Cuando Caín mató a su hermano Abel se asombró: “Y Él le dijo: ¿Qué has hecho? La voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde la tierra” (Génesis 4:10 LBLA). Cuando los hombres construían una alta torre como un acto de rebelión: “Vamos, bajemos y confundamos allí su lengua, para que ninguno entienda el lenguaje del otro” (Génesis 11:7LBLA).   En los días de Noé, al ver los designios de los pensamientos de los hombres, se asombró tanto que exclamó: “Raeré de sobre la faz de la tierra a los hombres que he creado, desde el hombre hasta la bestia, y hasta el reptil y las aves del Cielo; pues me arrepiento de haberlos hecho” (Génesis 6:7 LBLA).

Los juicios de Dios vienen sobre la Tierra, especialmente, no cuando el mundo pierde su capacidad de asombro natural, sino, cuando Su pueblo lo pierde y se acostumbra al pecado y a la maldad. Pero como bien escribiera un paladín de la fe: “Nunca habrá paz hasta que la verdad consiga la victoria”(1).

Referencias

  1. Spurgeon, Charles,No hay otro Evangelio, Estandarte de la verdad, Gran Bretaña, p. 471.

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