EL ACTO MEMORIAL PROFANADO

“Porque si yo reedifico lo que en otro tiempo destruí, yo mismo resulto transgresor” (Gálatas 2:18LBLA).

Un ritual es definido como: “Una serie de acciones, realizadas principalmente por su valor simbólico. Son acciones que están basadas en alguna creencia”. En efecto, un ritual iba a corromper todo el glorioso Evangelio del Señor Jesucristo en el primer siglo de la fe cristiana. Los rituales no son malos en sí mismos. Todo dependerá de su trasfondo. La Biblia nos muestra una gran cantidad de rituales o actos ceremoniales establecidos por Dios para su pueblo, incluyendo uno de los más importantes y emblemáticos: la circuncisión. Este fue, precisamente, el ritual con el cual algunos intentaron corromper a las iglesias locales del primer siglo. Perdieron la perspectiva de su valor simbólico y le dieron un valor per se o en sí mismo.

De acuerdo con Gálatas 2:18, ser contaminados con un ceremonial o ritual contrario al Evangelio de la gracia significaría volver a reedificar lo que en otro tiempo se destruyó.

El “acto memorial”

Las iglesias cristianas locales de hoy en día no tienen conflictos con el ritual de la circuncisión; sin embargo, hay una amenaza que atenta contra su pureza: el “acto memorial”.

El “acto memorial” es un acto glorioso que realiza el pueblo de Dios o las iglesias locales después que un verdadero creyente murió en el Señor. Su propósito es reconocer la poderosa obra de gracia en el corazón de un regenerado que perseveró hasta el final. Este acto memorial es de consuelo y estímulo a los creyentes a ser fieles hasta la muerte. Es un acto en donde los familiares, al escuchar de la fidelidad del que partió en el Señor, se sienten honrados delante de Dios y de su pueblo. De igual forma, es un momento, en medio de la tristeza, de gran satisfacción para los pastores, al haber sido instrumentos de Dios para completar, como medios de gracia, la salvación final del que victoriosamente está en la presencia de Dios.

Este solemne acto se pervierte, y pervierte el Evangelio del Señor Jesucristo, cuando algunas denominaciones cristianas proclaman la posibilidad de que un verdadero cristiano pueda terminar su existencia en derrota, es decir, con algún pecado dominante y en pecado propiamente; habiendo negado con su conducta y su final miserable el poder del Evangelio.

Este memorial indigno, al que murió así, parte de la premisa de la “gracia radical” que enseña perdón sin arrepentimiento y sin confesión de pecados al que una vez confesó a Jesús como su Salvador. Su énfasis no es en cómo termina el creyente en esta tierra, sino en cómo comienza. Contrario al Evangelio de Cristo, que salva al ladrón en la cruz al arrepentirse y confesar a Jesús como salvador en su último momento de existencia; y a Judas, el hijo de perdición, “que comenzó bien” y terminó mal.

Uno de los más elocuentes defensores de esta nueva doctrina dijo, literalmente, que: “La última o la penúltima obra de tu vida no es demostración decisiva de que realmente no pertenezcas a Cristo” (John Piper). La referencia que hace el famoso escritor a la última o penúltima obra de tu vida es al suicidio.

Este tipo de ceremoniales como el “acto memorial” no es tan ingenuo ya que tiene muchas implicaciones con relación al Evangelio de la gracia, realmente lo pervierte, así como se intentó pervertir a las iglesias del primer siglo con el ritual de la circuncisión.

Contexto histórico de Gálatas 2:18

El gran conflicto de la iglesia cristiana del primer siglo que motivó la epístola a los Gálatas fue muchísimo menor, desde el punto de vista legal y moral, que el ritual del “acto memorial” a un “cristiano” que se suicida. El conflicto de casuística suscitado en la iglesia cristiana del primer siglo fue el legítimo ritual de la circuncisión. Pero como se puede observar en la definición de lo que es un ritual: “Son acciones que están basadas en una creencia”, el ritual o ceremonial de la circuncisión iba acompañado con la creencia de la justificación por las obras de la ley. Ahí  radicaba la herejía o pecado, era un insulto al sacrificio de Jesucristo.

Analicemos el texto bíblico

Para poder entender el texto, hay una pregunta determinante: ¿Por qué reedificar lo que en otro tiempose destruyó?

Los creyentes de Galacia iban bien, habitando seguros bajo el glorioso edificio de la gracia. El Espíritu Santo se había manifestado en sus vidas de una manera gloriosa con poderes extraordinarios, ya que lo habían recibido por el oír con fe, como bien lo expresa el apóstol en su carta: “Aquel, pues, que os suministra el Espíritu y hace milagros entre vosotros, ¿lo hace por las obras de la ley o por el oír con fe?” (Gálatas 3:5LBLA).

¿Qué pasó? ¿Cuál fue el problema para retroceder?

El gran problema fue la influencia de los judaizantes. Los judaizantes eran judíos ortodoxos infiltrados en la comunidad de los creyentes en Cristo, que pretendían mezclar judaísmo con cristianismo. Su intención no era destruir el Evangelio y el nombre de Cristo propiamente. Su meta era mezclar judaísmo, es decir los aspectos ceremoniales como la circuncisión, con cristianismo o el Evangelio de la gracia y la sola fe en Jesús para ser salvos. Para Pablo esto significaba otro Evangelio; para él, un Evangelio mezclado era un Evangelio suplantado: “Para seguir un evangelio diferente; que en realidad no es otro evangelio…” (Gálatas 1:6,7LBLA).

¿Pero por qué esto?

Porque la venida de Cristo y su exclamación final: “¡Consumado es!”(Juan 19:30LBLA) dejaron desempleadas y sin brillo social y religioso a muchas personas. Una vez presentado el sacrificio de Jesús como Cordero: “El velo del templo se rasgó en dos” (Mateo 27:51LBLA). No más sacerdotes, no más ceremonias.

Ciertamente, el judaísmo de ese momento se había convertido en una religión de Dios, sin Dios. Su valía no estaba en Dios, sino en la religión misma. Y cuando vino el cumplimiento del tiempo, se resistieron al mismo Dios y a su enviado.

Ya Jerusalén dejaba de ser la sede y el sábado, al igual que la circuncisión, desde el punto de vista ceremonial, ya habían cumplido su misión de anunciar a Jesucristo como nuestra verdadera circuncisión y nuestro verdadero descanso: “En Él también fuisteis circuncidados con una circuncisión no hecha por manos, al quitar el cuerpo de la carne mediante la circuncisión de Cristo”(Colosenses 2:11LBLA); “Porque los que hemos creído entramos en ese reposo”(Hebreos 4:3LBLA).

Si no puedes contra ellos, úneteles

El escenario fue el siguiente; la fe cristiana comenzó rápidamente a crecer: tres mil personas en un solo día y luego cinco mil. Simplemente, una multitud. Es digna de destacar la calidad religiosa y social de los nuevos conversos a la insipiente fe cristiana: “Y la palabra de Dios crecía, y el número de los discípulos se multiplicaba en gran manera en Jerusalén, y muchos de los sacerdotes obedecían a la fe” (Hechos 6:7LBLA). Estos sacerdotes judíos no entraron a la iglesia como sacerdotes, sino como simples creyentes, igual que los demás.

Algo, al parecer, pasó en la cotidianidad cristiana del primer siglo que hizo que una influencia, astuta de pensamiento y de doctrina, se introdujera en la nueva iglesia. Era una influencia sincrética, que pretendía edificar un edificio paralelo al Evangelio, o en el peor de los casos, destruirlo y volverlo a edificar con materiales de justificación por la fe y por las obras de la ley al mismo tiempo. Los pertenecientes a esta secta eran conocidos como judaizantes y su accionar: judaizar. El apóstol Pablo, en su enérgica reprensión al contaminado apóstol Pedro, le preguntó: “¿Por qué obligas a los gentiles a vivir como judíos?” (Gálatas 2:14LBLA).

Circuncisión y rehuir la persecución

Hubo un conflicto en particular que delató el asunto:el ritual ceremonial de la circuncisión y en consecuencia el rehuir a la persecución: “Pero ni aun Tito, que estaba conmigo, fue obligado a circuncidarse, aunque era griego” (Gálatas 2:3LBLA). Pablo entendía que realizar este acto ceremonial con el pastor Tito, es decir, circuncidarlo, era, a la luz de las implicaciones, corromper el Evangelio del Señor Jesucristo: “A los cuales ni por un momento cedimos, para no someternos, a fin de que la verdad del Evangelio permanezca con vosotros” (Gálatas 2:5LBLA).

El apóstol Pablo era celoso con la integridad del Evangelio de la Gracia y no cedía ni un ápice cuando se trataba de su pureza en doctrina o en casuística.

Tristemente, había un “partido” dentro de la comunidad cristiana: “los de la circuncisión”; y el apóstol Pedro, al parecer, se había “inscrito”: “Porque antes de venir algunos de parte de Jacobo, él comía con los gentiles, pero cuando vinieron, empezó a retraerse y apartarse, porque temía a los de la circuncisión” (Gálatas 2:12LBLA).

Nuevamente el apóstol Pablo muestra su celo por el Evangelio ante el ritual de cirugía menor, pero ahora enfrentado a Pedro y diciéndole que esa práctica corrompía y suplantaba el Evangelio de Jesucristo: “Pero cuando vi que no andaban con rectitud en cuanto a la verdad del Evangelio, dije a Pedro delante de todos: Si tú, siendo judío, vives como los gentiles y no como los judíos, ¿por qué obligas a los gentiles a vivir como judíos?” (Gálatas 2:14LBLA).

Lo que el apóstol Pablo está afirmando es muy serio y de gran trascendencia: “No andaban rectamente”, es decir, no andaban derechos, en integridad. Y observa de manera enfática: “Conforme a la verdad del Evangelio”. Se habían alejado o no andaban conforme a la verdad del Evangelio y esto por imponer en las conciencias de los creyentes gentiles el ritual de la circuncisión.Este ritual de la circuncisión podría pasar desapercibido hoy en día, pero para Pablo era un asunto cardinal. De acuerdo con la mentalidad moderna, probablemente, se le hubiera dado el calificativo de “libertad cristiana” o de “asunto de conciencia”.

La circuncisión per se

La circuncisión, como todo lo que proviene de Dios, era y es buena. Médicamente hablando muy conveniente para la salud, ya que previene al hombre de enfermedades infecciosas y luego en la relación conyugal preserva de igual forma a la esposa. Pero desde el punto de vista del pacto de Dios con Abraham y ratificado en la ley de Moisés, tenía su cumplimiento pleno en Jesús: “En Él también fuisteis circuncidados con una circuncisión no hecha por manos, al quitar el cuerpo de la carne mediante la circuncisión de Cristo” (Colosenses 2:11LBLA).

Practicar la circuncisión como ritual del pacto, no simplemente por conveniencia de salud, era y es, en la esfera del Evangelio, una bochornosa ofensa al sacrificio de Jesucristo en la cruz. Es edificar lo que se ha destruido. Es decir que en vano vino Cristo. De ahí la indignación e ira del santo apóstol Pablo: “No hago nula la gracia de Dios, porque si la justicia viene por medio de la ley, entonces Cristo murió en vano” (Gálatas 2:21LBLA).

Rehuyendo la persecución

A los que predicaban a Cristo, y a este crucificado, les esperaba la más cruel persecución. Predicar a Cristo crucificado implicaba e implica enfatizar el carácter exclusivo dela salvación en el Evangelio. Cristo solo, como único camino, y no el judaísmo. Este exclusivismo se muestra de manera reiterada en el Evangelio: “Y en ningún otro hay salvación, porque no hay otro nombre bajo el Cielo dado a los hombres, en el cual podamos ser salvos”(Hechos 4:12LBLA) y: “Nadie puede poner otro fundamento que el que ya está puesto, el cual es Jesucristo” (1Corintios 3:11LBLA).

Una forma de rehuirla persecución era, y es, rompiendo con ese exclusivismo. Observe el siguiente texto: “Los que desean agradar en la carne tratan de obligaros a que os circuncidéis, simplemente para no ser perseguidos a causa de la cruz de Cristo” (Gálatas 6:12LBLA).

Pienso que la siguiente traducción de la Biblia nos da un mejor sentido de lo que Pablo quería transmitir: Los que quieren obligarlos a circuncidarse, solo desean quedar bien con la gente. No quieren sufrir por anunciar el mensaje de la cruz de Cristo”(Gálatas 6:12TLA).

Pablo sabía el precio que había que pagar por predicar el Evangelio de la cruz de Cristo: “Pero jamás acontezca que yo me gloríe, sino en la cruz de nuestro Señor Jesucristo, por el cual el mundo ha sido crucificado para mí y yo para el mundo” (Gálatas 6:14LBLA). Nuevamente, permítanme tomar la traducción de la Biblia del “Lenguaje Actual(TLA)”: “Yo, en cambio, solo me sentiré orgulloso de haber creído en la muerte de nuestro Señor Jesucristo. Gracias a su muerte, ya no me importa lo que este mundo malo piense de mí; es como si yo hubiera muerto para este mundo”(Gálatas 6:14TLA) “Ya no me importa lo que este mundo malo piense de mí”, estas son palabras mayores de un hombre comprometido con la verdad del Evangelio. Él sabía que lo iban a tildar de extremista, insensible, divisionista, aguafiestas y arrogante. Su norte no era buscar la aceptación de los hombres, sino la aceptación de Dios.

El ritual de la circuncisión y el acto memorial

¿Qué relación puede haber entre la circuncisión y el acto memorial? Ambos no son pecaminosos en sí mismos. Son corrompidos de acuerdo con su trasfondo o fe: la circuncisión no es requisito de salvación y el acto memorial debe ser solo para los que visiblemente han perseverado hasta el final en Cristo.

La casuística del “cristiano” que se suicida y su acto memorial no son conforme a la integridad o verdad del Evangelio. Las implicaciones de esta doctrina y práctica son muchas. No solamente el suicida que confesó una vez a Jesús como salvador es vindicado y llevado “directamente” al Cielo, sino también, todo el que persevera y muere en cualquier tipo de pecado público o privado, de pensamiento o de hecho. Es por esto que el silencio es lo más prudente cuando alguien que se llamó “cristiano” muere indignamente. Combatir esta herejía acarreará la misma persecución sufrida por el apóstol Pablo y todos los santos hombres de Dios del pasado y del presente.

En conclusión, esta casuística reedifica lo que ya se destruyó. Hace inmunda la sangre del pacto. Profana lo sagrado, colocando en nivel de igualdad, en el acto memorial, a un impío y a un piadoso; a uno que perseveró y a otro que apostató de la fe.

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