LA CONFESIÓN DE FE DE LONDRES DE 1689 Y LOS PECADOS DOMINANTES

Arrio de Alejandría, sacerdote de gran influencia del segundo y tercer siglo de esta era, de manera clandestina no creía en la divinidad de Jesús, pero no había forma de descubrirlo, denunciarlo y condenarlo por su herejía. En esa época de la fe cristiana, los temas teológicos tenían gran trascendencia no solo en el plano eclesiástico, sino también en el político y penal. De ahí el comportamiento de camaleón que tenía Arrio. Cuando los hombres de Dios, apegados a la Biblia, lo confrontaban, él no daba muestras de tener semejante herejía.

Arrio tenía a la Biblia como la palabra de Dios, pero su veneno era sutil.  Citaba la Biblia como cualquier cristiano verdadero. Solo una cosa pudo delatar su herejía: firmar una confesión de fe tocante a la divinidad del Señor Jesucristo. Inmediatamente rehusó y quedó al descubierto quién él era. Los seguidores de Arrio han seguido ese mismo método. No declaran el error de inmediato. Primero ganan afectos y luego introducen el mortal veneno del error.

La historia se repite

Cuando nos enteramos de esta nueva doctrina que da garantías de salvación a los que han confesado a Jesús como salvador y Señor, pero mueren en pecados dominantes, incluyendo el suicidio, lo primero que hicimos fue solicitar por escrito una declaración de fe a todos los pastores que directa e indirectamente comulgan con esta herejía. Tristemente, al igual que Arrio, han rehuido a semejante declaración confesional. El que está en la verdad no teme declarar la verdad.

Las confesiones de fe como legado

Las confesiones de fe son legados que revelan lo que creían nuestros antepasados a la luz de la “verdad verdadera”, la Biblia. Ellos se vieron obligados a presentar defensa dela fe una vez dada a los santos por causa de las herejías que los asediaban. Estas, las confesiones de fe, les mantenían unidos en la verdad hablando una misma cosa. Les mostraban que no estaban solos. Que en su peregrinar iban acompañados con las mismas verdades del pueblo de Dios que los precedió.

Nos desligamos de la fe histórica y de los amados de Dios cuando nos desligamos de la doctrina. La Iglesia de Jesucristo está fundada en Cristo y sus apóstoles. El siguiente es un principio fundamental: lo que se hereda no es la autoridad apostólica, sino la autoridad de la doctrina. Nos desprendemos de esta autoridad cuando cambiamos la doctrina.

La soberbia es lo que conduce al espíritu sectario y a desligarse del credo antiguo o de la senda antigua ante una “Nueva Revelación”. Algunos disfrazan esa nueva revelación y prefieren llamarle “Nueva Reforma”.

Una denominación puede ser reformada o cambiada, y hasta una interpretación de la Biblia. Lo que nunca puede reformarse o cambiarse es la verdad misma, es decir, la Biblia. En asuntos no fundamentales se puede tener una visión diferente, pero cuando se trata de asuntos fundamentales sería una temeridad. La reprensión del apóstol Pablo a los corintios es pertinente para hoy en día:“¿Acaso la palabra de Dios salió de vosotros, o solo a vosotros ha llegado?” (1 Corintios 14:36LBLA) La versión de la Biblia en el lenguaje actual expresa: “Tengan presente que la palabra de Dios no comenzó en ustedes, ni ustedes son los únicos que la han recibido”.

Razón de las confesiones de fe

¿Tienen las confesiones de fe alguna razón de ser? El pastor Spurgeon, al hacer referencia de Confesión fe de 1689, expresó: “Este pequeño tomo no se presenta como una regla autoritativa ni como un código de fe, sino como una ayuda en casos de controversia, una confirmación en la fe y un medio para edificación en justicia” (1).

Quien rehúye, en medio de controversias doctrinales, declarar y dar razón de su fe, es porque esconde algo. El medio para llegar a un entendimiento doctrinal es la Biblia; de no llegar a un entendimiento se recurre a la confesión de fe asumida por la Iglesia o por grupos de Iglesias, finalmente los creyentes junto con sus dirigentes deben asumir el camino a seguir doctrinalmente delante de Dios.

Importancia de las confesiones de fe en el combate contra las herejías

Todos de alguna forma tenemos un credo confesional. La diferencia estriba en lo formal o informal del mismo. Tener un credo confesional escrito libra de ambivalencia y confusiones a los creyentes y a las Iglesias. Lo dicho por este teólogo cristiano es pertinente para hoy en día: “Cuando los hombres utilizan las palabras mismas de la Biblia para promover la herejía, cuando la palabra de verdad es pervertida para servir al error, nada menos que una confesión de fe sirve públicamente para trazar las líneas divisorias entre la verdad y el error” (2).

Las confesiones de fe nos ayudan a evidenciar o detectar el error que se pretende infiltrar en las nuevas doctrinas

La historia se repite. La misma forma evasiva para tratar el tema del suicidio en el cristiano con todas sus implicaciones, fue la misma forma como Arrio y su grupo, con sus herejías en asuntos fundamentales de la fe cristiana, intentaron evadir a los ortodoxos de su tiempo. Arrio no creía en la divinidad de Jesús, pero hacía creer que sí. Este engaño o hipocresía le permitía moverse libremente dentro del pueblo de Dios y sembrar sus enseñanzas. No hay nada más sutil que un diablo disfrazado de oveja.

¿Por qué temer a las confesiones de fe cuando se está en la verdad?

La Biblia claramente nos enseña: “El que anda en integridad anda seguro, mas el que pervierte sus caminos será descubierto” (Proverbios 10:9LBLA). El que está en la mentira algún beneficio temporal obtiene. Su temor es ser descubierto.

Tienden a ser las mentes brillantes, escogidas por Satanás, las que rehúyen el legado histórico de las confesiones de fe. La precisión de una sana confesión de fe impide la ambigüedad y la deshonestidad intelectual y doctrinal. Para combatir exitosamente el error lo primero que se debe hacer es identificarlo. Las confesiones de fe logran esto.

La Confesión de fe de Londres de 1689 y los pecados dominantes, incluyendo el suicidio

Pero la gran pregunta es:¿Tratan la Confesión de fe de Londres de 1689 y la de Westminster el tema del suicidio en el cristiano? La respuesta es: Claro que sí. Los temas doctrinales básicos envueltos en esta casuística son tratados con exquisita pericia. Estos temas son la perseverancia de los santos, el arrepentimiento, la seguridad de salvación, la justificación y la santificación.

No se olvide que las mentes más brillantes y los corazones más consagrados de aquellos difíciles días, después de mucho ayuno y oración, publicaron estas confesiones de fe ante el Pueblo de Dios.

(Del libro “La nobleza de Dios: Vivir o morir” por Willy Bayonet)

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