Vivir o Morir: Libre Albedrío

En el  programa de televisión de investigación científica “Redes” fue entrevistado el  científico alemán John Haynes, y se anunció lo siguiente: “Máquinas para ver cómo decide el cerebro. Los primeros resultados muestran que antes de entrar en la conciencia muchas decisiones  ya están tomadas por completo en redes cerebrales” (1).

Es realmente sorprendente esta noticia, de que aún antes de entrar en la conciencia muchas decisiones ya están tomadas por completo en las redes cerebrales. Es decir, que la conducta humana debe ser estudiada a partir de los procesos cognitivos y cerebrales. No olvide que la conciencia es el conocimiento que el ser humano tiene de su propia existencia, de sus estados y de sus actos.

Para llegar a una  conclusión como esta se exploró algo tan complejo como el cerebro humano: “Se realizó un experimento con un escáner cerebral en que las personas debían tomar decisiones sencillas; podían decidir si pulsaban un botón a la izquierda u otro a la derecha” (2).

El Dr. Haynes afirmó: “En este caso sientes que eres libre para decidir una cosa u otra, no hay nada que te obligue una cosa o la otra. Se registró la actividad cerebral de las personas y se descubrió que se puede predecir su decisión: si iban a pulsar el botón de la izquierda o el de la derecha cinco segundos antes de que la hubieran tomado. Los siete segundos antes de que pulsaran por el botón, incluso antes de que pensaran cuál iban a escoger” (3).

El comunicador y escritor preguntó: “¿De qué está hecha una decisión?”(4).

Y el científico alemán John D. Haynes, respondió: “La decisión se puede dividir en dos. Hay dos aspectos que forman una decisión: Por un lado el proceso cerebral, algo que ocurre en el cerebro y que te lleva a decidir una cosa u otra, y en el otro lado, que conscientemente sabes qué quieres hacer; ahora tomas una decisión. Parece que antes que eso, se produce un procesamiento inconsciente en el cerebro. En el cerebro sucede algo que propicia tu decisión. Que te conduce a ella e influye en la manera en que tu mente consciente elige”(5).

Inquieto, el escritor español, preguntó: “¿Podemos descartar el libre albedrío?” (6).

Esta fue la respuesta del Dr. Hayne:

“Creo que la ciencia a estas alturas no puede descartar el libre albedrío por completo. Aún existe la posibilidad de que el libre albedrío exista, pero lo hacemos muy inverosímil. ¿Y por qué es inverosímil? Tenemos la impresión de que en las tomas de decisiones sencillas  podemos cambiar el futuro del mundo. Podemos comenzar ahora para que cambien la manera en que el mundo continúe, y esto queda descartado  si podemos demostrar si el cerebro predice  qué ocurrirá en el futuro mucho antes de que la persona haya tomado una decisión. Lo que sí descartamos es una idea muy simple del libre albedrío como intuición que todos tenemos de que podamos empezar a cambiar el mundo independientemente de la historia del cerebro, de la historia del universo y cambiar la manera de cómo el mundo va a continuar” (7).

Independientemente de la veracidad o no de esta investigación científica, queda evidenciada una gran  paradoja: El ser humano no es totalmente libre y ciertamente es responsable de sus decisiones.

El cerebro humano es un universo que parece infinito como el mismo hombre. El salmista David no podía entender el porqué de la visitación o cuidado de Dios al hombre: ¿Qué es el hombre para que de él te acuerdes, y el hijo del hombre para que lo cuides?” (Salmos 8:4) Ciertamente el hombre fue hecho a imagen y semejanza de su creador.

Nobleza de Dios y libre albedrío

¿De qué manera se relaciona la Nobleza de Dios con el libre albedrío y el suicidio? Muy sencillo. Al  hablar de Dios nos referimos al Dios de la Biblia. Su nobleza radica en  crear un ser a su imagen y semejanza con libre albedrío.  El libre albedrío es una cualidad o condición que los humanos poseen y el suicidio es un acto o conducta humana, planificada e intencionada. En otras palabras, sólo los humanos, quienes llevan la imagen de Dios, tienen la capacidad de atentar contra un don tan hermoso como la vida. Los animales irracionales no lo hacen, mucho menos los  enajenados mentales o locos.

Comencemos por el principio

El trino Dios, en el capítulo uno de Génesis declara: “Hagamos al hombre a nuestra imagen, conforme a nuestra semejanza” (Genesis1:26). Sin entrar en muchos detalles teológicos podemos decir con certeza, que la idea básica de llevar la imagen de Dios es la inteligencia. Inteligencia es la capacidad de pensar, razonar, y muy especialmente de tener autoconciencia, es decir, de saber que existimos.

Los animales, criaturas maravillosas, no tienen esa digna y determinante cualidad o capacidad. Es por esto que no se le puede atribuir  a un perro, por más noble que parezca, en el buen sentido del término, el calificativo de fiel. La fidelidad es un atributo o virtud de un  ser inteligente, quien determinó o decidió ser fiel. En otras palabras, la fidelidad es una cualidad humana inteligente y consciente.

“Amor Sincero”, así llamamos a una hermosa perrita que le regalaron a nuestra familia. Nunca habíamos vivido una experiencia tan refrescante con un animal doméstico. Ella, “Amor Sincero”, inmediatamente nos huele llegar parece emocionarse de alegría y cuando abrimos la puerta nos recibe con mucho entusiasmo: le cantamos y ella danza de regocijo. Pero,  ¿Cree usted que “esa conducta”, si conducta se le puede llamar, es un acto inteligente? No. Su accionar es por instinto. Sus cualidades positivas a favor de nuestra familia son dones que Dios en su amor ha dado para producir felicidad en nuestros corazones.

Realmente, llamar a una perrita con el nombre de “amor sincero” es un antropomorfismo, ya que le atribuimos una cualidad humana a un animal. La sinceridad es propia de los humanos pensantes.

¿En dónde radica la Nobleza de Dios?

 El único ser libre e independiente es Dios. Todo lo creado depende de su creador y por tanto no es realmente libre. Paradójicamente, Dios creó al hombre con libertad de decisión.

¿Quién hizo a Dios?

Aseidad es el término usado para decir que Dios siempre ha existido y que existe por sí mismo. El niño hace una pregunta lógica: Entonces, ¿Quién creó a Dios? La respuesta es: Que el único ser increado, que tiene existencia propia es Dios. Solamente de Dios se puede decir que “Él es”.

Parménides,  fue un filósofo de hace más de dos mil años quien expresó una verdad científica: “Lo que es, es”. Otro pensador con igual o mayor profundidad exclamó: “Lo que es, está cambiando”. Este filósofo fue Heráclito. La primera declaración es aplicable solamente a un ser inmutable: A Dios. La segunda, a  todo lo creado, incluyendo al hombre.

El rey Salomón lo resumió de la manera siguiente: “Todo debajo del sol es vanidad” (Eclesiastés 1). Ninguna criatura puede decir que “es” o “yo soy”. Esto no es un asunto meramente filosófico, es un asunto científico. El único que puede decir con razón de causa “Yo Soy” es Dios. Dios en su ser es inmutable, no envejece; y el hombre encerrado en el espacio y el tiempo es mutable tanto en su aspecto moral como físico.

En su accionar soberano Dios no es movido por causas externas, es por esto que el apóstol Pablo, considerando su plan eterno,  habló del puro afecto de su voluntad. Entonces, bien podemos decir, que Dios creó al hombre por el puro afecto de su voluntad, a su imagen y semejanza.

Ya se ha acentuado que la imagen de Dios en el hombre es esencialmente la inteligencia. Ahora veremos que esa inteligencia incluye una cualidad humana y angelical que ha generado muchos debates y ha dividido históricamente al pueblo de Dios y a la humanidad. Nos referimos al libre albedrío o autodeterminación.

La Nobleza de Dios radica en que Él pudo haber creado un ser con la capacidad de solamente obedecerlo y que moralmente no fuera inclinado a rechazarlo. Sólo un Dios noble podía haber hecho algo semejante.

  •          Autodeterminación Humana: Su Complejidad

Antes de desarrollar esta parte del tema es pertinente que hagamos la siguiente salvedad: Cualquier declaración tocante al libre albedrío que contradiga u ofenda  algún atributo de Dios, es pertinente que se pondere o se reconsidere seria y solemnemente. Con sobrada frecuencia nos pasa como a los amigos de Job, que tratando de ayudar o defender a Dios creamos una ofensiva caricatura de su persona.

La complejidad de la autodeterminación humana radica en la realidad de la independencia humana o no.

¿Es realmente el hombre libre para decidir?

La postura doctrinal clásica es la siguiente: El hombre antes de pecar era libre para decidir el bien o el mal; pecar u obedecer. Después de pecar perdió esa facultad, la facultad del libre albedrío, y ahora es esclavo del pecado. Su inclinación tiende sólo a pecar.

La paradoja o aparente contradicción es la siguiente. Un individuo que nace con esta condición ¿Hasta qué punto es responsable de sus actos pecaminosos ante Dios?

Históricamente,  muchas fueron las escuelas y corrientes de pensamientos que debatieron este controversial asunto. Entre las cuales se pueden destacar: el pelagianismo, el semipelagianismo, la agustiniana, el arminianismo y el calvinismo. Algunas de estas escuelas  parecen ridículas de acuerdo a la convicción que se tenga.

La postura arminiana es absurda para el calvinista y viceversa. Sin embargo, nadie, ningún hombre, ni ninguna escuela de pensamiento, tienen la verdad absoluta. En todas hay algo o mucha verdad.

Creemos firmemente que la verdad absoluta se encuentra en la Biblia. Jesús dijo: “Tú palabra es la verdad.”

Debemos ser ingenuos, en muchos casos, como parece ser Dios en su trato con los hombres, y aceptar los textos bíblicos que respaldan una postura o la otra sin que el orgullo  nos corone al querer defender o querer que gane la tendencia asumida. Con mucha frecuencia los calvinistas sin proponérselo caen en el fatalismo: Lo que será, será. Y los arminianos en dar un poder al hombre que en realidad no tiene. Se debe evitar que la lógica humana pisotee la claridad Bíblica. Un autor estadounidense muy conocido y de tendencia calvinista, viendo este peligro, en un panel de preguntas y respuestas observó:

“Lógica humana pisoteando la claridad de la Biblia, los arminianos son propenso a esto, los calvinistas son propensos a esto. Cualquiera que sea amante de ver las cosas que encajan coherentemente, puede ser una presa de ser guiado por la lógica y no por  ser guiado por la exégesis” (8).

En todo esto debemos procurar que la sabiduría sea justificada por sus hijos o resultados.

Eliminar el concepto de la autodeterminación humana de forma absoluta es sumamente peligroso, porque convierte al hombre en lo que Dios nunca ha querido: en un robot. Ciertamente no hay quién busque a Dios, pero fue ese mismo hombre,  quien inteligentemente cambió la verdad por la mentira y luego Dios, atribuyéndole justa responsabilidad, lo entregó a la inmundicia. El hombre está muerto espiritualmente, pero determina hacer obras de maldad.

De la ingenuidad que hemos hablado es la  de procurar no ver más allá de lo que está escrito en la Biblia. Creemos que lo que más preocupa al estudioso serio del tema es el dilema de la capacidad de decisión hacia lo bueno que tiene el hombre caído.

¿Quién se decidió por el buen camino: Dios o el hombre? ¿Ambos o sólo Dios?

  • Libre Albedrío y Reconocimientos o Méritos

Aquí entramos en otro asunto sumamente conflictivo: El mérito. ¿Se disgusta Dios de que el hombre reciba algún mérito por creer? Pablo dijo con limpia conciencia “Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y su gracia para conmigo no resultó vana; antes bien he trabajado mucho más que todos ellos, aunque no yo, sino la gracia de Dios en mí” (1 Corintios 15:10).

Eliminar el “ego” humano significaría un rotundo fracaso en  el plan de Dios al crear a un ser a su imagen y semejanza. Es precisamente ese “ego” el que hace al hombre responsable y le da sentido o justifica el tribunal de Dios, ya que todos compareceremos ante su santa y justa presencia.

Si eliminas el “yo”, eliminas al hombre mismo. Algunos ingenuamente piensan que cuando entregan sus vidas a Cristo se crea una especie de fusión en donde se pierde la identidad. Sin embargo Pablo dijo: “Y ya no vivo “YO”, mas Cristo vive en “MÍ”.”(Gálatas 2:20) Él estaba muy consciente del “yo”, y continuó diciendo: “y lo que ahora vivo en la carne…” (Gálatas 2:20), ¿Quién? “YO”.

Dios es glorificado dentro del marco de su propósito creativo cuando se tiene conciencia del “yo”. Todo hombre inteligente y sabio  reconocerá como Pablo, su “yo”, y al final le dará toda la gloria a Dios. En esto también estriba la nobleza de Dios.

  •          Suicidio, Autodeterminación Humana y Proyección de Culpa

 La Biblia nos enseña con claridad meridiana que el corazón del hombre es perverso más que todas las cosas, y añade “¿Quién lo conocerá?” (Jeremías 17:9). Desde niño he conocido la palabra de Dios. Mi amado padre me instruyó en el camino. Mi principal inquietud como niño pensante era, si Dios, realmente, tomaba en cuenta mis pecados como niño. Esa misma conciencia me hacía responsable ante Él.

Pecar no es solamente pecar, es algo más. Es tener conciencia de que se  ha hecho lo malo. Creemos firmemente que no hay un solo ser humano que peque y no tenga conciencia, en menor o mayor grado, de que ha hecho algo que no está bien. Pablo bajo la inspiración del Espíritu Santo, hablando de los paganos escribió: “Estos, aunque  no tengan ley, son ley para sí mismos” (Romanos 2:14).Esta conciencia llevaal individuo a la proyección de la culpa.

Cuando se habla de la proyección de la culpa, el nombre que viene a nuestras mentes inmediatamente es el del padre del psicoanálisis, Sigmund Freud. En su engranaje conceptual, Freud, estableció la responsabilidad de otros en la conducta como algo fundamental: La sociedad, los padres, causas emocionales, causas mentales, causas fisiológicas y otras causas parecidas. Y todo para evadir la responsabilidad en el individuo. El psiquiatra  de Jay Adams en su libro Manual del Consejero Cristiano, observa: “Según Freud, el problema principal del hombre es la socialización pobre” (9).

El Dr. Adams,  ha presentado defensa en sus escritos en contra de esta corriente de pensamiento y lo primero que hace es corregir el léxico o vocabulario usado por los psiquiatras. Él llama etiquetamiento a los términos para definir ciertas condiciones o conductas humanas. Por ejemplo, los términos enfermedad mental, esquizofrenia, bipolaridad, entre otros; son  usados comúnmente para proyectar la culpa o la responsabilidad del individuo.

La medida de responsabilidad en términos jurídicos y humanos la establecen los hombres falibles a través de legislaciones y bajo la administración de jueces mortales y falibles sujetos a pasiones; pero en sentido absoluto, la responsabilidad penal la establece Dios.

Las legislaciones humanas, como diría Calvino, movidas por Dios, contemplan la astucia humana para evadir responsabilidades jurídicas y penales y crean sabiamente los mecanismos para desenmascarar al farsante y darle su debida retribución.

Los esquizofrénicos y los bipolares, por ejemplo,  son sujetos de obligaciones y de penas o sanciones.  El hombre en muchos casos ha evadido o burlado  la justicia terrenal a través del engaño y la proyección de la culpa, pero ¿Podrá evadir y burlar la justicia de aquel que todo lo sabe, aún los secretos e intenciones del corazón?

(Del libro “La nobleza de Dios: Vivir o morir”)

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s