Masada y el juicio divino

Ninguna maldición viene sin causa

Escuché con gran terror la afirmación de un famoso predicador mexicano llamado Armando Alducín, que para justificar el suicidio en llamados cristianos declaró como inocentes los homicidios y suicidios en Masada, dijo lo siguiente: “¿Podemos juzgarlos? ¿Podemos decir que todos estos romanos causaron estos suicidios o están justificados para los judíos? Lo podemos confirmar claramente, porque, ¿qué haríamos nosotros en ese punto? ¿qué preferirías ver que violen a tu esposa y a tus hijos, o, vamos a quitarnos la vida? La motivación que se encuentra detrás de una persona que se quita la vida es lo que cuenta”.

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Para un judío ortodoxo Masada no es sinónimo de orgullo, sino de vergüenza, fanatismo y pecado. En cambio, la inmolación de Sansón es sinónimo de orgullo e inspiración. Fue un héroe de la fe como bien describe Hebreos 11.

La tragedia en Masada no puede ser catalogada como de inmolación, sino como una tragedia de homicidios y suicidios.  Masada forma parte de la maldición divina que invocaron los judíos al momento de llevar a Jesús a la muerte: “Y respondiendo todo el pueblo, dijo: ¡Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos!”. Muchos otros judíos en su desesperación habían optado de igual forma por el suicido y cuenta Flavio Josefo de cómo los persuadía para que no lo hicieran ya que esto era contrario a la ley de Dios.

La tragedia es descrita de la siguiente manera: “Por la noche Eleazar ben Yair pronunció un discurso con el que persuadió a los defensores de Masada de que lo mejor era quitarse la vida para ahorrarse el oprobio de verse humillados por los romanos. Puestos todos de acuerdo, quemaron sus posesiones y víveres, aunque respetando una parte para dejar claro que no morían por falta de abastecimiento. Luego, puesto que la ley judía prohíbe el suicidio, cada hombre se encargó de dar muerte a su esposa e hijos. A continuación, sortearon diez hombres que dieron muerte al resto y, por último, uno de ellos mató a los otros nueve antes de, éste sí, suicidarse. Cuando al día siguiente los romanos entraron en Masada se encontraron con una montaña de más de 950 cadáveres y sólo siete supervivientes: dos ancianas y cinco niños que se habían escondido y que contaron lo que había ocurrido en la cumbre de Masada durante el asedio” (Flavio Josefo).

Este comportamiento de estos judíos no fue casual antes bien fue el resultado de una filosofía o creencia con relación a la vida. Estos judíos eran zelotes y dentro de esta secta eran sicarios, tenidos así por la forma en como mataban a los soldados romanos en su rebelión, es decir, de sorpresa, por la espalda y con una pequeña daga mortal.

Pasaron más de 30 años para que el suicidio de Judas Iscariote se volviera a repetir, pero de una manera más dramática y colectiva. Justificar el suicidio colectivo en Masada sería lo mismo que justificar el suicidio de Judas el hijo de perdición.

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