¿Debatir o Advertir?

“Porque si Dios no perdonó…”(2 Pedro 2: 1 al 7)

Un gran afán se ha apoderado de las mentes brillantes en el pueblo de Dios: debatirlo todo. Como si fuera más importante ganar el argumento que advertir acerca de los juicios de Dios que vienen sobre los impíos.

Probablemente este afán por debatir asuntos no debatibles demuestra la falta de valía de los intelectuales religiosos.

El apóstol Pedro en su segunda carta, en el capítulo dos, no tenía el más mínimo interés en debatir acerca de la conducta impía. Él sabía que su misión era de advertir acerca de los juicios divinos, ya que con el impío no se debate. Presentó tres precedentes de la ira de Dios: Los ángeles que pecaron, el diluvio en días de Noé y la destrucción de Sodoma y Gomorra.

Si el propósito del apóstol Pedro hubiese sido satisfacer el intelecto humano, por medio de una demostración histórica de los precedentes, no hubiese presentado el juicio o sentencia provisional a los ángeles que pecaron o no guardaron su dignidad. Dio como un hecho la revelación especial de Dios en cuanto a esta rebelión cósmica de los ángeles.

Su propósito está claramente presentado: “Porque si Dios no perdonó a los ángeles que pecaron…”, “y si condenó por destrucción a las ciudades de Sodoma y de Gomorra, reduciéndolas a ceniza y poniéndolas de ejemplo a los que habían de vivir impíamente…”, “Sobre los tales ya de largo tiempo la condenación no se tarda, y su perdición no se duerme…”, “atrayendo sobre sí mismos destrucción repentina…”.

Su objetivo fundamental es que puedas persuadirte de que: Si no perdonó a los ángeles, a los habitantes en día de Noé y a Sodoma y Gomorra, ¿Qué hace al impío de hoy en día diferente?

Díselo a tus hijos, díselo a tus vecinos, díselo a tus compañeros de trabajo… No importa si creen o no creen, solamente sé un atalaya. Diles, si no perdonó…

En conclusión, los precedentes de los juicios divinos deben conducir a los atalayas de Dios a no debatir sobre temas morales o pecaminosos. Es perder el tiempo y dar la impresión de que las conductas perversas son debatibles (lo que es debatible es de opinión y no de principio). Los pregoneros de justicia como Noé deben advertir con vehemencia de los juicios divinos que vendrán sobre lo impíos.

Las victorias del pueblo de Dios nunca se han logrado por debates, ni marchas mediáticas, sino por providencias y sentencias divinas. Debatir principios es una evidencia no de fortaleza, sino de debilidad. Es como si la verdad misma se dejara llevar al terreno de la mentira.

Esta es una guerra sin cuartel entre la verdad y la mentira y no habrá paz hasta que triunfe la verdad. Todo el que no esté dispuesto a combatir (no a debatir) a favor de la verdad mejor le fuera no haber nacido.

El pastor que aspire a mostrar sus dotes de alta intelectualidad debatiendo temas no debatibles como el infanticidio (aborto) y la libre sexualidad, que lo haga, pero esto es perder el tiempo y acallar las conciencias de los impíos. En mi caso continuaré proclamando, “Y si no perdonó” o simplemente, así dice Jehová el Señor y punto.

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