LA CONFESIÓN DE FE BAUTISTA DE LONDRES DE 1689 Y EL SUICIDIO (3 de 3)

Once declaraciones pertinentes

Las preguntas que La Confesión de Fe de Londres de 1689 responderá, a la luz de esta casuística del “cristiano” suicida, son las siguientes:

  • ¿Puede un verdadero cristiano caer en desesperanza total?
  • ¿Quiénes son los que realmente perseveran?
  • ¿Es necesaria la perseverancia para la salvación final?
  • ¿Puede morir un regenerado en pecado sin arrepentimiento y sin confesión y ser salvo?
  • ¿Abandona Dios a los que están incluidos en el pacto de gracia?

Declaración 1: La fe que justifica al creyente siempre va acompañada

“La fe que así recibe a Cristo y descansa en Él y en su justicia es el único instrumento de la justificación; sin embargo, no está sola en la persona justificada, sino que siempre va acompañada por todas las demás virtudes salvadoras, y no es una fe muerta, sino que obra por el amor” (3).

Las doctrinas de la salvación son identificadas como un cuerpo o paquete doctrinal. Están unidas de forma indisoluble. La fe es el único instrumento de la justificación, pero siempre va acompañada por todas las demás virtudes salvadoras. Tienes fe, pues tienes obras; eres justificado, pues también eres regenerado; eres perdonado, pues también eres santificado; está asegurada tu salvación en Cristo, pues también tu arrepentimiento es renovado.

Una sola de estas piezas fundamentales del carro del Evangelio que no esté presente es evidencia suficiente para declarar que no existe verdadera conversión.

Declaración 2: La elección divina se evidencia en el tiempo, no existe elección divina sin justificación

“Desde la eternidad, Dios decretó justificar a todos los elegidos; y en el cumplimiento del tiempo, Cristo murió por los pecados de ellos, y resucitó para su justificación; sin embargo, no son justificados personalmente hasta que, a su debido tiempo, Cristo les es realmente aplicado por el Espíritu Santo”.

La primera parte de esta declaración sin la segunda sería infundada. El elegido para salvación, por quien Cristo murió, necesariamente debe evidenciarlo a su debido tiempo por una confesión y arrepentimiento públicos. Si esto es así en cuanto a la conversión, lo es también en el proceso de santificación cuando se ha caído en pecados escandalosos o secretos.

Algunos se han preguntado qué hubiera pasado con David si hubiera muerto en el acto de adulterio ¿se hubiera salvado? La respuesta a esta pregunta la responde Sam Waldron en su comentario a esta Confesión de fe de Londres de 1689: “De la misma manera que los elegidos no mueren antes de ser convertidos, así los regenerados no mueren antes de arrepentirse” (4).

El que verdaderamente ha sido justificado, en razón de la guerra espiritual en que vive, existe la posibilidad de que sea sacudido en su fe por el pecado, pero no terminará su vida en esta tierra sin renovar su arrepentimiento:

“Dios continúa perdonando los pecados de aquellos que son justificados, y aunque ellos nunca pueden caer del estado de justificación, sin embargo pueden, por sus pecados, caer en el desagrado paternal de Dios; y, en esa condición, no suelen tener la luz de su rostro restaurada sobre ellos, hasta que se humillen, confiesen sus pecados, pidan perdón y renueven su fe y arrepentimiento” (5).

Esta declaración combate la herejía de la no necesidad, en el salvado, de una vida de arrepentimiento y confesión de pecado como evidencia de salvación. Es el concepto de “Gracia Radical”. En otras palabras esta es la herejía: Puede haber perdón de Dios sin arrepentimiento y confesión de pecados, porque la sangre de Cristo cubrió todos los pecados. Pero la Confesión de fe es enfática: “Dios continúa perdonando los pecados…” No solamente nos perdonó sino que a los salvados Dios continúa perdonándolos, porque ellos continúan pecando y continúan con pesar, arrepintiéndose y confesando sus pecados. Uno de los defensores de la doctrina del “cristiano” que puede concluir su vida en derrota, sabe muy bien esto; en uno de sus libros preguntó que cómo era posible dar gracias por un perdón que ni siquiera se había pedido y de igual forma por un arrepentimiento que no se había mencionado (6).

¿Qué pasa cuando un verdadero hijo de Dios se descarría? ¿Se salvará sin arrepentimiento y confesión de pecado? La Confesión de fe es clara: “Hasta que se humillen, confiesen sus pecados, pidan perdón y renueven su fe y arrepentimiento”. Más de ahí son pretensiones vanas e infundadas.

Declaración 3: La adopción en el cristiano implica una relación filial eterna que incluye dirección y protección paternas

“A todos aquellos que son justificados, Dios se dignó, en su único Hijo Jesucristo y por amor de este, hacerles partícipes de la gracia de la adopción, por la cual son incluidos en el número de los hijos de Dios y gozan de sus libertades y privilegios, tienen su nombre escrito sobre ellos, reciben el espíritu de adopción, tienen acceso al trono de la gracia con confianza, se les capacita para clamar: ‘Abba, Padre’, se les compadece, protege, provee y corrige como por un Padre, pero nunca se les desecha, sino que son sellados para el día de la redención, y heredan las promesas como herederos de la salvación eterna”(6).

Como hijo, dice la confesión a la luz de la Biblia, el creyente es protegido por Dios: “…se les compadece, protege, provee y corrige como por un Padre…”. El único que viene para matar, robar y destruir es el diablo. El suicidio es un acto satánico: “Nadie aborreció jamás su propia carne sino que la sustenta y la cuida” (Efesios 5:29). Dios ha dicho por boca del apóstol Juan: “Sabemos que todo el que ha nacido de Dios, no peca; sino que aquel que nació de Dios lo guarda y el maligno no lo toca”(1 Juan 5:18). Y el Señor Jesucristo prometió: “y yo les doy vida eterna y jamás perecerán, y nadie las arrebatará de mi mano” (Juan 10:28).

Dios como padre nunca dejará que sus amados hijos sean tentados o probados más de lo que puedan aguantar o resistir, Él interviene y da la salida.

El verdadero creyente en Jesucristo, además de haber sido justificado, también ha sido santificado. Su vida de santidad no es estática, sino que va en crecimiento. El requisito del mismo Dios que justifica es: sin santidad nadie verá al Señor:

“Aquellos que son unidos a Cristo, llamados eficazmente y regenerados, teniendo un nuevo corazón y un nuevo espíritu, creados en ellos en virtud de la muerte y la resurrección de Cristo, son aún más santificados de un modo real y personal, mediante la misma virtud, por su Palabra y Espíritu que moran en ellos; el dominio del cuerpo entero del pecado es destruido, y las diversas concupiscencias del mismo son debilitadas y mortificadas más y más, y ellos son más y más vivificados y fortalecidos en todas las virtudes salvadoras, para la práctica de toda verdadera santidad, sin la cual nadie verá al Señor”(7).

Esta es la experiencia de todo verdadero cristiano: “…y ellos son más y más vivificados y fortalecidos en todas las virtudes salvadoras, para la práctica de toda verdadera santidad…” El dominio del cuerpo de pecado entero es destruido, es por esto que el deseo de no vivir no permanece en un regenerado.

 Maestros de la escuela del cristiano que muere en pecados dominantes han sondeado la experiencia de “creyentes” con la verdad bíblica y han preferido subordinar la Biblia a la experiencia suicida de algunos. Tal es el caso de un reconocido escritor que subordinó la Biblia a la experiencia de William Cowper. “Esas concupiscencias” declara la Confesión de fe,“son debilitadas”, no aumentadas hasta llegar al suicidio.

El verdadero justificado podrá tener muchas luchas y en estas muchas caídas, pero finalmente la parte regenerada triunfa:

“En dicha guerra, aunque la corrupción que aún queda prevalezca mucho por algún tiempo, la parte regenerada triunfa a través de la continua provisión de fuerzas por parte del Espíritu santificador de Cristo; y así los santos crecen en la gracia, perfeccionando la santidad en el temor de Dios, prosiguiendo una vida celestial, en obediencia evangélica a todos los mandatos que Cristo, como Cabeza y Rey, les ha prescrito en su Palabra” (8). Sea Dios veraz y todo hombre mentiroso: “la parte regenerada triunfa”.

 El suicidio no es un acto del momento, es una lucha intensa que se toma su tiempo. Compararlo con un pensamiento fugaz o una discusión con el cónyuge refleja una significativa ignorancia de lo que es realmente el suicidio en su sentido ordinario.

Es una alentadora y gran verdad el saber que “la parte regenerada triunfa”. No hay duda de que aquel que comenzó en nosotros la buena obra la perfeccionará hasta la muerte.

Declaración 4: La fe salvadora de los verdaderos creyentes, en su grado mínimo, es diferente a la de los creyentes temporales, es por esto que finalmente sale victoriosa

“Esta fe, aunque sea diferente en grados y pueda ser débil o fuerte, es, sin embargo, aun en su grado mínimo, diferente en su clase y naturaleza (como lo es toda otra gracia salvadora) de la fe y la gracia común de aquellos creyentes que solo lo son por un tiempo; y consecuentemente, aunque muchas veces sea atacada y debilitada, resulta, sin embargo, victoriosa, creciendo en muchos hasta obtener la completa seguridad a través de Cristo, quien es tanto el autor como el consumador de nuestra fe” (9).

Por más débil que sea la fe de los verdaderos creyentes a causa de su naturaleza “resulta, sin embargo, victoriosa”. Todos los creyentes son más que vencedores. ¿Alguien celebrará la victoria de un equipo perdedor? Esta sería una celebración infundada y ridícula. Se complacen en recordar los mejores momentos del juego de su equipo que finalmente terminó perdiendo. Así uno que se llamó cristiano y que murió en vil fracaso, negando con su muerte al dador de la vida.

Declaración 5: Dios ha provisto para los creyentes verdaderos que caigan en pecado que no mueran sin antes renovar su arrepentimiento como evidencia de salvación

“Si bien no hay nadie que haga el bien y no peque, y los mejores hombres, mediante el poder y el engaño de la corrupción que habita en ellos, junto con el predominio de la tentación, pueden caer en grandes pecados y provocaciones, Dios, en el pacto de gracia, ha provisto misericordiosamente que los creyentes que pequen y caigan de esta manera sean renovados mediante el arrepentimiento para salvación” (10).

Los autores de la Confesión de Fe fueron sabios. Se cuidaron de que la casuística o la experiencia cristiana ordinaria no nublara o contradijera el consejo de Dios o la Biblia. Admiten la no impecabilidad de los verdaderos creyentes: “Si bien no hay nadie que haga el bien y no peque” Que pueden caer en grandes pecados: “pueden caer en grandes pecados”. Estos son pecados escandalosos y en algunos casos dominantes. Pero reconocen que ellos no morirán en esos pecados. Ellos renovarán su arrepentimiento: “Los creyentes que pequen y caigan de esta manera sean renovados mediante el arrepentimiento para salvación”. Un suicida no tiene oportunidad de renovar su arrepentimiento.

Declaración 6: El arrepentimiento es una gracia evangélica que dura toda la vida del creyente en esta tierra y es el medio para implorar el perdón de Dios

“Este arrepentimiento para salvación es una gracia evangélica por la cual una persona a quien el Espíritu hace consciente de las múltiples maldades de su pecado, mediante la fe en Cristo se humilla por él con una tristeza que es según Dios, abominación de él y aborrecimiento de sí mismo, orando por el perdón y las fuerzas que proceden de la gracia, con el propósito y empeño, mediante la provisión del Espíritu, de andar delante de Dios para agradarle en todo” (11).

No es de todos el arrepentimiento. Es una gracia evangélica. Solo al corazón contrito y humillado no va a despreciar el Señor. Si nos descuidamos, nosotros mismos podemos contradecir, en la casuística, lo mismo que hemos censurado; como es el caso de este reconocido expositor, sano en doctrina, pero temerario en su casuística. Condena que en lugar de un verdadero mensaje cristiano o evangélico de arrepentimiento se está anunciando un mensaje terapéutico; pero el mismo que dijo esto de manera sorpresiva y temeraria da garantías de salvación aun suicida.

Declaración 7: El verdadero justificado vive una vida de constante arrepentimiento

El cristiano todavía posee un cuerpo de muerte. Su arrepentimiento como norma es sincero y es específico por cada pecado concreto que conozca:  “Puesto que el arrepentimiento ha de continuar a lo largo de toda nuestra vida, debido al cuerpo de muerte y sus inclinaciones, es por tanto el deber de cada hombre arrepentirse específicamente de los pecados concretos que conozca” (13).

La Confesión de Fe es muy enfática en decir el deber de cada hombre de arrepentirse específicamente de los pecados concretos que conozca. Bueno, dirá alguno: ¿Y por qué esto si ya todos nuestros pecados fueron perdonados? La Confesión de fe de Londres responde: “Debido al cuerpo de muerte y sus inclinaciones”.

La herejía del “cristiano” que tiene la posibilidad de morir con y en pecados dominantes es, en un principio, una herejía que nace en la casuística; uno de sus principales maestros es mucho más categórico que la Confesión de Fe cuando esta específica la necesidad de: “Arrepentirse específicamente de los pecados concretos que conozca”. Él comenta 1 Juan 1:9 y expresa que: El pecado debemos verlo como Dios lo ve; es decir, que es mucho más que enumerar pecados, se debe tener una actitud de repudio hacia el mismo.

Declaración 8: La predicación constante no es a la indulgencia, sino al arrepentimiento

Uno de los requisitos para que no haya condenación es el arrepentimiento: “Tal es la provisión que Dios ha hecho a través de Cristo en el pacto de gracia para la preservación de los creyentes para salvación que, si bien no hay pecado tan pequeño que no merezca la condenación, no hay, sin embargo, pecado tan grande que acarree condenación a aquellos que se arrepienten, lo cual hace necesaria la predicación constante del arrepentimiento”(14).

El arrepentimiento debe ser para todos los pecados: “No hay pecado tan pequeño que no merezca la condenación, no hay, sin embargo, pecado tan grande que acarree condenación a aquellos que se arrepienten…”. La confesión es sabia y especifica: “a aquellos que se arrepientan…”. Los creyentes son preservados no por la indulgencia, sino por la gracia de Dios evidenciada a través del arrepentimiento.

Los púlpitos serán atacados por el maligno para que desistan de la predicación constante del arrepentimiento. Si el creyente puede morir en pecado sin necesidad de renovar su arrepentimiento, entonces la predicación constante del arrepentimiento es una farsa.

Declaración 9: La perseverancia de los verdaderos cristianos es la perseverancia de fidelidad de Dios en ellos

Dios continúa engendrando y nutriendo en sus hijos la fe, el arrepentimiento, el amor, la esperanza y todas las virtudes del Espíritu para la inmortalidad: “Aquellos a quienes Dios ha aceptado en el Amado, y ha llamado eficazmente y santificado por su Espíritu, y a quienes ha dado la preciosa fe de sus elegidos, no pueden caer ni total ni definitivamente del estado de gracia, sino que ciertamente perseverarán en él hasta el fin, y serán salvos por toda la eternidad, puesto que los dones y el llamamiento de Dios son irrevocables, por lo que Él continúa engendrando y nutriendo en ellos la fe, el arrepentimiento, el amor, el gozo, la esperanza y todas las virtudes del Espíritu para la inmortalidad; y aunque surjan y les azoten muchas tormentas e inundaciones, nunca podrán, sin embargo, arrancarles del fundamento y la roca a que por la fe están aferrados; a pesar de que, por medio de la incredulidad y las tentaciones de Satanás, la visión perceptible de la luz y el amor de Dios puede nublárseles y oscurecérseles por un tiempo.Él, sin embargo, es aún el mismo, y ellos serán guardados, sin duda alguna, por el poder de Dios para la salvación, en la que gozarán de su posesión adquirida, al estar ellos esculpidos en las palmas de sus manos y sus nombres escritos en el libro de la vida desde toda la eternidad”(15).

La fe, el arrepentimiento, el amor, el gozo, la esperanza y todas las demás virtudes son engendrados y nutridos por Dios. Cuestionar estas virtudes o gracias en un verdadero cristiano es cuestionar el poder y la fidelidad de Dios. Si es un nacido de Dios, estas gracias estarán como norma. Si no lo es, imposible será.

Declaración 10: La perseverancia de los verdaderos cristianos no excluye la posibilidad de grandes derrotas espirituales y, en consecuencia, escándalos y vergüenza

Los verdaderos cristianos no morirán en derrota espiritual, sino que por la gracia de Dios renovarán su arrepentimiento y serán preservados hasta el fin: “Y aunque los santos (mediante la tentación de Satanás y del mundo, el predominio de la corrupción que queda en ellos y el descuido de los medios para su preservación) caigan en pecados graves y por algún tiempo permanezcan en ellos (por lo que incurren en el desagrado de Dios y entristecen a su Espíritu Santo, se les dañan sus virtudes y consuelos, se les endurece el corazón y se les hiere la conciencia, lastiman y escandalizan a otros, y se acarrean juicios temporales), sin embargo, renovarán su arrepentimiento y serán preservados hasta el fin mediante la fe en Cristo Jesús”(16).

La Confesión de Fe es repetitiva en admitir, bíblicamente, que los nacidos de Dios tienen la posibilidad, por causa de esta guerra contra el pecado, de caer en graves pecados y hasta de permanecer en ellos por un tiempo. Lo que nunca hace la Confesión de fe es decir que mueren en esa condición, porque evidenciarían que nunca fueron: “…sin embargo, renovarán su arrepentimiento y serán preservados hasta el fin mediante la fe en Cristo Jesús”.

Declaración 11: Los verdaderos creyentes son preservados de caer en total desesperación

“La seguridad de la salvación de los verdaderos creyentes puede ser, de diversas maneras, zarandeada, disminuida e interrumpida; como por la negligencia en conservarla, por caer en algún pecado especial que hiera la conciencia y contriste al Espíritu, por alguna tentación repentina o vehemente, por retirarles Dios la luz de su rostro, permitiendo, aun a los que le temen, que caminen en tinieblas, y no tengan luz; sin embargo, nunca quedan destituidos de la simiente de Dios, y de la vida de fe, de aquel amor de Cristo y de los hermanos, de aquella sinceridad de corazón y conciencia del deber, por los cuales, mediante la operación del Espíritu, esta seguridad puede ser revivida con el tiempo; y por los cuales, mientras tanto, los verdaderos creyentes son preservados de caer en total desesperación”(17).

A la pregunta: ¿Puede un cristiano verdadero caer en total desesperación o desesperanza y por ende suicidarse? La respuesta es muy clara: “Los verdaderos creyentes son preservados de caer en total desesperación”.

Ellos no tuvieron que lidiar en sus días con suicidios en cristianos, pero sí con pecados dominantes como la total desesperación, que es el preámbulo para el suicidio. Ellos estaban del lado de Dios y su palabra. Decir lo contrario es afrentar el poder preservador de Dios para sus hijos. Mucho más, es cuestionar el amor de Dios. Solo un padre malo permitirá, teniendo el poder para evitarlo, que uno de sus hijos se quite la vida, a menos que sea un juicio irreversible, pero ya no sería hijo, sino bastardo.

(Tomado del libro,”La nobleza de Dios: Vivir o morir”)

Referencias

  1. Spurgeon,Charles Haddon,Introducción a la Confesión de fe de Londres de 1689.
  2. Robert Paul Martin, Exposición de la Confesión bautista de fe de 1689 por SamWaldron.
  3. Confesión bautista de fe de 1689.
  4. Ibíd.
  5. Ibíd.
  6. Ibíd.
  7. Ibíd.
  8. Ibíd.
  9. Ibíd.
  10. Ibíd.

11-Ibíd.

12- Ibíd.

13-Ibíd

14- Ibíd.

15- Ibíd.

16- Ibíd.

17- Ibíd.

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