Las mentes más brillantes de la comunidad evangélica de la nación más influyente del mundo, han contaminado, de manera extraña, verdades esenciales de la fe del Evangelio de Jesucristo, tales como la justificación por la fe, la santificación, la regeneración, la seguridad de salvación, el arrepentimiento y la perseverancia de los santos.
Estas doctrinas, contaminadas por la casuística acerca de la posibilidad de salvación de un suicida, que en un momento de su vida confesó a Cristo como Salvador, pierden su eficacia y su consistencia entre lo teórico y lo práctico: lo que dicen y el efecto que producen. Un Evangelio que es poder de Dios, pero que termina en total fracaso. Una promesa de vida abundante, pero que concluye en muerte trágica.
La casuística de vindicar al suicida, religiosamente, es motivada por la cantidad alarmante de suicidios en los Estados Unidos de Norteamérica, no solamente en el mundo secular, sino, y muy especialmente, entre los llamados creyentes en Cristo. Este desvío doctrinal es la respuesta “consoladora” a los familiares de los que decidieron terminar con su existencia por cuenta propia; la lista trágica incluye a pastores e hijos de pastores.
Las estadísticas son alarmantes, se cree que más de 39 mil personas cada año se quitan la vida, solamente en los Estados Unidos de Norteamérica, y se estima que la mitad dentro del sector religioso.
Los escándalos recientes de suicidios conmovieron al mundo cristiano. Matthew, hijo del pastor Rick Warren, autor del libro Una vida con propósito; Isaac Hunter, hijo del pastor Joel Hunter, guía espiritual del presidente Barack Obama; el pastor Teddy Parker, que tomó una escopeta frente a su casa y se suicidó mientras su iglesia lo esperaba para el culto dominical; el pastor descubierto en pornografía John Gibson, que decidió terminar con su vergüenza por medio de esta práctica que deshonra al Creador; el pastor Robert Mackeehan, con apenas 42 años; Kent Nelly, deGrace Community Church, oveja que pastoreaba John MacArthur, quien luego de intentos fallidos de terminar con su vida se encerró en el clóset, tomó una escopeta y se suicidó; John Piper informó en Francia que lleva más de dos suicidios en su propia iglesia; pero la lista es mucho más extensa.
Los medios de información, al considerar lo inusual y lo frecuente de estos crímenes, hablan de “otro pastor más que se suicida”(3). Muchos, pero muchos son los casos de suicidio que no se publican, aun dentro del mismo pueblo de Dios, por temor a la vergüenza.
Para cualquier lector sensible que pudiera pensar que somos poco empáticos y poco prudentes al mencionar los nombres de figuras públicas que tomaron el camino tenebroso e incierto del suicidio: solamente podemos decirles que lo que regula nuestra forma de hablar y de escribir es la Biblia misma. Somos imitadores de Dios. Saúl, Ahitofel y Judas, tenían familias: madres, esposas, hermanos e hijos; algunos de ellos probablemente temerosos de Dios y pertenecientes a la comunidad de los hijos del reino. Pero al Espíritu Santo le plugo que su final fuera destacado y escrito, tanto en aquel tiempo como a través de la historia, en las Santas Escrituras. ¿Podrá alguien acusar a Dios de ser insensible e inhumano?
Consuelo infundado
Lamentablemente, se tienen que afectar algunas piezas básicas del tren del Evangelio para traer consuelo a los familiares y hasta a las mismas comunidades cristianas en donde se congregaban los que cometieron semejante crimen.
En el engranaje de las doctrinas del Evangelio, cuando una verdad fundamentalse excluye o se distorsiona, es como si faltara o se dañara un engrane; entonces el tren del Evangelio, por más bonito o lujoso que se puede ver, se detiene y no cumple su función vital de avanzar.
Doctrina del destino eterno
Al considerar esta triste realidad nos preguntamos del lado de quién estamos: ¿De Dios o del hombre pecador? ¿De la justicia divina revelada en el Evangelio o la justicia enferma del hombre? ¿De la verdad o del error? La Biblia es clara en cuanto al destino eterno del hombre. La religión de Dios verdadera y la religión humana infundada se diferencian, precisamente, en la doctrina acerca del destino eterno, lo que se conoce como escatología.
Lo que distingue a la religión, en su sentido universal, de cualquier filosofía humana, es su esperanza después de esta vida. Sea esta verdadera o infundada. Algunos ateos “sensatos” han llegado a decir: “Si Dios no existe hay que inventarlo”. Lo propio se puede decir del infierno y el Cielo.
Los budistas creen en la reencarnación y enseñan que tu estado presente ha sido el resultado de tu conducta pasada. Sirven como freno al mal del suicidio cuando enseñan a sus seguidores que aquel que opta por ese camino oscuro le espera lo siguiente: Si tieneque vivir 80 años y a los 30 se suicida, ¿qué pasaría con los 50 años restantes? Cada 7 días su alma volvería a suicidarse causando el mismo dolor y la misma angustia. Esa doctrina resulta muy atractiva como freno social, pero no es bíblica.
Otras creen en la aniquilación definitiva del cuerpo y el alma y una no existencia después de la muerte para todos los que vivieron impíamente. Esta religión carece de consistencia exegética. Otras religiones creen en la realidad del infierno y en un purgatorio para los que hicieron lo malo, pero que las oraciones y los rezos pueden sacarlos de ese lugar de tormento. Esta suena muy romántica, pero es infundada. Otras enfatizan la imposibilidad de un infierno y la esperanza de un reino de paz apelando al hecho de que Dios es amor. Esto es como decir que las cárceles en países subdesarrollados no existen porque son inhumanas. Otras dan la posibilidad de salvación del infierno por medio del bautismo a favor de aquellos familiares que no conocieron a Jesucristo en vida. Esta es, humanamente, muy creativa.
La más reciente ofrece la novedosa promesa de un perdón anticipado para los pecados, sin necesidad de arrepentimiento, que incluye hasta el suicidio. Mercadológicamente, esta doctrina es muy atractiva y supera con creces las ofertas del fraile dominico Johann Tetzel en su ofrecimiento de perdón de pecado a través de las santas indulgencias. Es una especie de: “y a Dios que me perdone”.
Pero este no es el espacio para hablar en amplitud de la pedagogía bíblica para vivir una vida correcta y santa de acuerdo con el final de la existencia aquí y el destino eterno. Un solo texto de la Biblia bastará para mostrar la contundente y clara doctrina de Jesucristo en cuanto a la eternidad y el vivir en justicia:“Habéis oído que se dijo a los antepasados: ‘no matarás’, y: ‘Cualquiera que cometa homicidio será culpable ante la corte’. Pero yo os digo que todo aquel que esté enojado con su hermano será culpable ante la corte; y cualquiera que diga: ‘Raca’a su hermano, será culpable delante de la corte suprema; y cualquiera que diga: ‘Idiota’, será reo del infierno de fuego” (Mateo 5:21–22LBLA). Piense por un momento, si por tan solo estar “enojado” la sentencia es: “reo del infierno de fuego” cuanto más un homicidio o suicidio de hecho. ¡Cuántos feminicidios y suicidios se evitarían con tan solo vivir a la luz de esta solemne advertencia! El Señor Jesucristo parece exagerado y extremista en su criterio de justicia en este mundo malo y perverso. Es de ahí el aumento acelerado de la criminalidad y de actos de violencia como el suicidio, aun dentro de un pueblo que se hace llamar cristiano.
Lo encuentre haciendo así
Esperar la venida del Señor significa esperarla en santidad. Lo inesperado del evento es razón para estar preparados siempre. Las parábolas del siervo infiel y de las vírgenes insensatas muestran esto: “vendrá el señor de aquel siervo el día que no lo espera, y a una hora que no sabe” (Mateo 24:50LBLA), “Velad, pues, porque no sabéis ni el día ni la hora” (Mateo 50:13). Contraponer la doctrina de la justificación por la fe con esta advertencia motivacional para vivir irreprensibles no es justo ni sabio. Sería como suponer una tensión doctrinal entre el Señor Jesús y el apóstol Pablo. ¡Perezca tal pensamiento!
Realmente nadie se suicida
Hermann Wilhelm Göring, el segundo hombre más poderoso en la Alemania de Hitler, prefirió suicidarse antes de que se le diera cumplimiento a la sentenciade ahorcamiento en el juicio en Núremberg por los delitos de lesa humanidad. La pregunta ante un hecho como este, sería: ¿Por qué prefirió auto sentenciarse, ser su propio juez y verdugo en lugar de dejar que la justicia humana establecida lo hiciera?¿Acaso no hubiese habido más posibilidad para su salvación y que dejara la dudade suarrepentimiento ante Dios el ser sentenciado por otros, que cometer auto asesinato? Si era inocente, ¿no se inclinaría la balanza a su favor delante de Dios? Pero su orgullo pesaba más que su inocencia. Él pensó, en su altivez, que nadie le iba a quitar la vida, ni aun Dios mismo, solo él. Pero se equivocó como se equivocan todos los que siguen el camino oscuro del suicidio. Realmente nadie se suicida: “Como canales de agua es el corazón del rey en la mano del Señor; Él lo dirige donde le place” (Proverbios 21:1). Dios no puede jamás ser burlado, y Él: “Es el que prende a los sabios en su propia astucia” (1 Corintios 3:19). Perezca tal pensamiento si alguien cree que Dios es cómplice de suicidios: “Muy limpios son tus ojos para mirar el mal” (Habacuc 1:3LBLA).El suicidio es un juicio irreversible.
El potencial de maldad de un suicida
El suicida perdió toda sensibilidad humana:“Porque nadie aborreció jamás su propio cuerpo, sino que lo sustenta y lo cuida…” (Efesios 5:29 LBLA). El que es capaz de atentar contra su propia vida es capaz de atentar contra la vida de toda su familia y hasta de toda una nación. Mientras escribo estas líneas escucho, en el noticiario de CNN, al presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, decir: “Un acto de pura maldad”, haciendo referencia a un hombre de 64 años de edad que desde el piso número 32 de un hotel en Las Vegas, perpetró una de las peores matanzas del siglo a una multitud indefensa de más de 22,000 personas, dando muerte a más de 50 e hiriendo a más de 500, y luego se suicidó. Este hombre primero se aborreció así mismo y luego a los demás. No quiso irse solo.
(Tomado del libro: «La nobleza de Dios: Vivir o morir» por Willy Bayonet)


