“Debías entonces haber puesto mi dinero en el banco, y al llegar yo hubiera recibido mi dinero con intereses” (Mateo 25:27).
Su gran fracaso fue que no invirtió. Si tenía miedo de invertir, entonces, como última opción debió generar ganancias o beneficios de los intereses bancarios.
Una persona en su estado normal está llamada a invertir. Toda inversión tiene sus riesgos, pero es mejor fracasar intentándolo que fracasar sin haberlo intentado.
Como ya se ha considerado invertir en el ser debe ser prioritario. Cuando se trata de los hijos, que son parte de los maravillosos valores agregados, se debe invertir sin pensarlo mucho, en la educación.
Las inversiones materiales sabias se multiplican o aumentan de valor. Abraham el padre de la fe fue un muy buen inversionista: “Abram era muy rico, pues tenía oro, plata y mucho ganado. Desde el Néguev, Abram avanzó lentamente hasta llegar a Betel. Una vez allí, se dirigió al lugar donde había acampado antes, es decir, entre Betel y Hai. En ese mismo lugar Abram había construido un altar para invocar el nombre del SEÑOR. También Lot, que iba con Abram, tenía muchas ovejas, vacas y carpas. De modo que ya no podían vivir juntos, pues el campo no era suficiente para alimentar a tantos animales” (Genesis 13:1 al 18).
Jeremías, el profeta, estando en la cárcel hizo una inversión: “le compré el campo a mi primo Hanamel. Le entregué diecisiete monedas de plata, que fue el precio convenido, y puse el contrato por escrito, sellado y firmado por los testigos. Delante de ellos dije a Baruc: “El Señor todopoderoso, el Dios de Israel, dice: Toma las dos copias de este contrato, la sellada y la abierta, y guárdalas en una vasija de barro, para que se conserven mucho tiempo. Pues el Señor todopoderoso, el Dios de Israel, dice: En esta tierra volverán a comprarse casas, campos y viñedos” (Jeremías 32:9 al15).
La mujer de Proverbios 31 también fue inversionista: “Considera la heredad, y la compra, Y planta viña del fruto de sus manos”.
Invertir no es pecado, la avaricia sí. El propósito básico de la inversión es la no devaluación del bien que se tiene y aumentar el capital. Las inversiones en bienes materiales no son un fin último para un cristiano, sino un medio para dar gloria a Dios.
Un vivo ejemplo de un inversor o inversionista de un hombre conforma al corazón de Dios fue Job:
“¿No le has cercado alrededor a él y a su casa y a todo lo que tiene? Al trabajo de sus manos has dado bendición; por tanto, sus bienes han aumentado sobre la tierra” (Job 1:10-12)…Continuará…